07/06 - Roland-Garros : "La tierra"
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"Un Autre Regard" por Philippe Delerm
La auténtica estrella de Roland-Garros es la tierra. Los otros "grand slam" son duros, o ásperos como la hierba rasa. En Roland-Garros existe ese sutil diálogo del jugador con el terreno. Las carreras más rápidas terminan en resbalones amortiguados. Las caídas no son actos fallidos, sino la culminación de una heroica resistencia en el arte del contrapié, del passing imparable. El jugador que cae al suelo se toma su tiempo en volver a levantarse. Sabe que a continuación hay ciertos rituales. Le entregan una toalla y se frota los brazos lentamente. El pantalón y la camiseta están sucios y a veces incluso tiene que cambiarse. Todos estos gestos se consienten con una lentitud y una profusión bien respetadas. Este ocre rojo sobre el cuerpo no es tanto el estigma de un punto perdido como una especie de sumisión solemne a la esencia de la arena. En Roland-Garros no se juega sobre la tierra batida, sino con ella. El pequeño pop del rebote tiene esa resonancia amortiguada que diluye las agresiones primarias. Los atacantes más expeditivos tienen que aprender a esperar, a amortiguar. Color caliente del suelo, casi anaranjado a la luz del sol y tan oscuro a la sombra. Color mental, porque hay muchos otros torneos sobre la misma superficie, pero la tierra batida de Roland-Garros es la tierra, misteriosamente impregnada de su juego. Hay huellas que marcamos y que borramos sobre los puntos discutibles, huellas sobre el cuerpo, noble polvo sobre los zapatos y los calcetines. No se puede batir en frío. Todo es huella. El vencedor no olvida nada. Sale de la pista Chatrier coronado por la tierra. - Philippe Delerm
