Roland-Garros 2009

Roland-Garros 2009

Roger Federer, campeón en cuerpo y alma

Esta será la buena. Sí, tras tres derrotas consecutivas en la final contra Rafael Nadal, Roger Federer ha prometido hacer del 7 de junio de 2009 su día de gloria. Tras 13 títulos de Grand Slam, el campeón suizo está a un paso del Panteón del tenis. No puede tropezar. Este Abierto de Francia que tiene ante sí, esta maldición de la tierra batida parisiense, pronto será un recuerdo lejano. Además, los dioses del tenis están de su lado. La eliminación del diabólico Nadal, el invencible toro de la tierra batida, en octavos de final de individuales masculinos, es claramente una señal divina. Sin embargo, según dice Federer la noche de su bendición: "La derrota [de Nadal] me ha supuesto más presión." Pero Roger Federer es un campeón. Un campeón en cuerpo y alma. Desde su aplastante derrota en 2008 el jugador suizo ha tenido tiempo suficiente de secarse las lágrimas. Cuando sale a la pista central poco antes de las 3 de la tarde, Roger Federer ya ha adoptado la pose de un ganador. Sus ojos parecen devorar la Copa de los Mosqueteros, la cabeza, alta y desafiante y las piernas parecen tener resortes que lo lanzan al otro lado de la red. Una insaciable sed de victoria. Un hambre de ogro. Se come al sueco Robin Söderling, el invitado sorpresa del torneo, en el primer set. Con crueldad y glotonería: 6-1 en 23 minutos. El segundo set es un plato más pausado (7-6). Federer lanza aces con evidente deleite durante un decisivo tie-break con un único resultado. Nada puede estropear la perfecta maquinaria de este reloj suizo. Ni siquiera la repentina irrupción de "Jimmy Jump". Este agente inmobiliario catalán, especialista en interrumpir partidos de fútbol y rugby y, ahora, el Abierto de Francia, irrumpe en la pista central portando una bandera del FC Barcelona y trata de colocarle a Roger Federer en la cabeza una barretina roja y negra. Pero está perdiendo el tiempo. El tenista número 2 del mundo se merece una corona. Se mantiene firme y termina el tercer y último set del torneo sin esfuerzo. Cae una fuerte lluvia sobre el estadio Roland Garros, pero a Roger Federer no le importa en absoluto. Se acaba de convertir en el nuevo rey sol. Al ganar cada uno de los torneos del Grand Slam, se ha convertido en el mejor jugador de la historia del tenis. El estadounidense André Agassi, otro de los príncipes coronados de este deporte, le tiende la Copa de los Mosqueteros como si fuera un cetro sagrado. El reinado del monarca suizo ahora sí que es absoluto. Roger Federer rompe a llorar, pero esta vez es de alegría.